Should physicians think “unconsciously”?

It has become almost impossible to open a popular psychology book without coming across one or several chapters about the role of intuition and unconscious processes in decision making. If you haven’t heard about the “fast” System 1, “gut feelings” or decisions made in a “blink”, it might be difficult to beat your friends next time you play a trivia game. A common topic of this literature is that many of our daily decisions are based on automatic cognitive processes that we can hardly control and that remain out of consciousness. Some authors go one step further and suggest that, in fact, unconscious processes usually outperform deliberate thinking. Perhaps you have already heard that you should rely on your “gut feeling” when making complex financial decisions, like how to invest your savings. What you probably didn’t know is that some scholars are also starting to advise physicians to rely on their intuition to make better diagnoses. Read the post in Mapping Ignorance.

Si tu médico te dice que “piensa inconscientemente”…

Uno de los pecados más habituales de los divulgadores científicos es lanzarnos a colgar en nuestros blogs comentarios de los estudios más sexys que se publican sin pararnos a pensar si esos resultados serán sólidos o no. Desde luego, no merezco ser yo quien tire la primera piedra contra nadie. Si alguna vez he caído en ese error, y seguro que así ha sido, espero que el último artículo que acabo de publicar en Frontiers in Psychology con Olga Kostopoulou y David Shanks me redima de mis excesos.

Entre los hallazgos más intrigantes que se han publicado en los diez últimos años brilla con luz propia el llamado efecto de pensamiento inconsciente. Un estudio publicado en Science en 2006 sugería que cuando las personas nos vemos obligadas a tomar una decisión particularmente difícil, como elegir el mejor coche de un catálogo o decidir entre varios apartamentos, puede ser mejor dejar pasar un periodo de tiempo distraídas en otros asuntos que dedicar el mismo tiempo a pensar en el problema en cuestión. Este descubriendo encaja bastante bien con el actual interés por todo lo que tiene que ver con la intuición y los heurísticos. De hecho, es muy difícil abrir un libro de divulgación sin encontrarse referencias a estos famosos experimentos.

¿Demasiado bonito para ser cierto? Posiblemente sí. Muchos de los experimentos que han intentado replicar este efecto han fracasado estrepitosamente. Y se han publicado al menos dos  meta-análisis que sugieren que en los contados casos en los que se ha encontrado este fenómeno, podría no ser más que un falso positivo. A pesar de estas críticas, el entusiasmo por el pensamiento inconsciente no ha perdido un ápice de intensidad en los últimos años.

Tal vez te preocupe saber que, entre las muchas cosas para las que se ha sugerido que el pensamiento inconsciente podría ser útil, figura la toma de decisiones médicas. Como lo oyes. Según este punto de vista, cuando un médico tiene que decidir cuál es tu diagnóstico o cómo de grave es tu enfermedad, lo mejor que puede hacer es delegar la decisión en su “inconsciente”, especialmente si tu caso es complejo. Y, lo creas o no, hasta hace poco esta recomendación tenía cierto apoyo empírico. En 2010 se publicó un estudio en el que se observó que los estudiantes de psicología clínica hacían mejores diagnósticos después de un periodo de distracción que después de un periodo de reflexión equivalente. No es de extrañar que empezaran a publicarse artículos en revistas médicas sugiriendo que la carrera de medicina debía incluir asignaturas para educar la “intuición médica”.

Lo que estos artículos no mencionan es que ha habido al menos otros tres intentos de replicar el efecto de pensamiento inconsciente en toma de decisiones médicas y que ninguno de ellos ha tenido resultados positivos. Y no parece que estos resultados nulos se deban a falta de potencia estadística. Según el meta-análisis que acabamos de publicar, si uno toma en conjunto todos estos estudios sobre decisiones médicas, el efecto de pensamiento inconsciente no es estadísticamente significativo. De hecho, aplicando una sencilla técnica estadística conocida como Bayes Factor hemos podido comprobar que la mayor parte de los estudios realizados dan apoyo a la idea de que el efecto de pensamiento inconsciente no ha tenido lugar.

De modo que, para terminar la frase que abre este post, si tu médico te dice que toma sus decisiones basándose en la intuición, dile que lea esta entrada dos veces cuando baje la marea. Y, sí, cambia de médico.

__________

Vadillo, M. A., Kostopoulou, O., & Shanks, D. R. (2015). A critical review and meta-analysis of the unconscious thought effect in medical decision making. Frontiers in Psychology, 6, 636.

Bilingüismo y sus ventajas: ¿Exageración científica?

Se me ocurren muchas razones por las que merece la pena estudiar un nuevo idioma. Pero a juzgar por las conclusiones del artículo recién publicado por de Bruin, Treccani, y Della Sala (2015) en Psychological Science, tal vez deba tachar alguna de ellas de mi lista o al menos moverla más abajo. Durante los últimos años se ha hecho fuerte la idea de que el bilingüismo es una suerte de gimnasia mental que mejora diversas capacidades cognitivas, especialmente aquellas a las que se alude genéricamente con el nombre de control ejecutivo. Apenas puede uno abrir un volumen de cualquier revista de psicología sin encontrarse un artículo sobre el tema. Como no podría ser de otra forma, la idea se ha abierto camino rápidamente en la cultura popular y muy especialmente en el mundo de la educación. Los medios de comunicación también se han hecho eco de esta idea, con, por ejemplo, “¿Por qué los bilingües son más inteligentes?” (La Vanguardia, 2012), “El bilingüísmo mejora la atención” (El País, 2007) o “El bilingüismo protege el cerebro” (El Mundo, 2014). Continúa leyendo en Rasgo Latente

¿Quién es feliz en Londres?

No, no se asusten. No me ha dado un ataque de melancolía. Mamá, estoy bien. Casualmente acabo de encontrarme con un artículo recién publicado en PNAS cuyos autores utilizan la ciudad de Londres más o menos como los biólogos usan esos terrarios gigantes para estudiar el comportamiento de hormigas, termitas y bichos dispares. Cualquiera que haya tenido que salir de su barrio alguna vez en la vida se habrá percatado de que cada zona geográfica tiene un carácter diferente, marcado por la personalidad de quienes viven allí, su nivel socioeconómico y hasta la geología y el clima del lugar. Lógicamente algunos de estos lugares se ajustan más a nuestras peculiaridades que otros, y no es extraño que cada uno de nosotros aspire a vivir en determinado lugar para ser más feliz. ¿Pero exactamente cómo se relacionan nuestra personalidad, el carácter del lugar que habitamos y la felicidad? Qué mejor lugar para responder a esta pregunta que Londres, donde en un puñado de kilómetros cuadrados conviven las personas más diversas en los barrios más heterogéneos. Apenas unos metros separan el bullicioso mercado de Camden del sosegado Hampstead. Y en cualquier local de comida rápida se puede ver compartir mesa a los más despiadados ejecutivos de la City con los futuros reclutas del estado islámico.

El estudio que firman Markus Jokela y colaboradores se basa en una metodología sencilla pero ingeniosa. Pidieron a nada menos que 52.000 vecinos del área metropolitana de Londres que rellenaran un cuestionario diseñado para medir los cinco factores de personalidad (los famosos Big Five: apertura a la experiencia, responsabilidad, extroversión, amabilidad y neuroticismo) y otro pequeño cuestionario para medir la satisfacción con la vida en general. Dentro de cada distrito postal hicieron una regresión múltiple para predecir la satisfacción vital a partir de las puntuaciones en los cinco factores de personalidad. Como te puedes imaginar, los resultados de estas regresiones no fueron idénticos en todos los distritos: algunas características de personalidad resultaron ser buenas predictoras de la satisfacción en todos los distritos, pero otras características correlacionaban con la satisfacción sólo en algunos lugares. La pregunta que los autores se hicieron es ¿qué aspectos de un distrito hacen que un factor de personalidad contribuya más o menos a la felicidad de sus habitantes?

Los resultados muestran que hay dos factores de personalidad que correlacionan con la felicidad de forma generalizada, independientemente del lugar en que uno viva. Se trata de los factores extroversión y neuroticismo. Las personas extrovertidas y emocionalmente estables tienden a ser más felices y más o menos en el mismo grado en cualquier lugar de Londres. Sin embargo, el resto de factores contribuye más o menos a tu felicidad según dónde vivas. Si vives en el centro de Londres, rodeado de personas de todas las nacionalidades y de las gastronomías más atrevidas (aunque en Londres todas lo son, en un sentido u otro), tu felicidad dependerá en buena medida de si eres una persona abierta a la experiencia o no. Interesante, pero ninguna sorpresa hasta aquí: Básicamente, las personas abiertas a la experiencia son más felices donde viven otras personas abiertas a la experiencia. Lo interesante es que los otros dos factores de personalidad no funcionan de esta manera. La amabilidad y la responsabilidad son buenos predictores de la felicidad en los barrios en los que la felicidad escasea y las condiciones de vida son menos favorables. De hecho, la responsabilidad correlaciona con la felicidad (y esto es lo interesante) en los distritos donde la gente tiende a puntuar bajo en responsabilidad. O, en otras palabras, en el país de los ciegos el tuerto es el rey.

Según los autores, estos resultados confirman las predicciones de un modelo en el que algunos factores de personalidad (como la extroversión y el neuroticismo) están asociados directamente con la felicidad, mientras que otros factores (como la responsabilidad y la amabilidad) están asociados con la felicidad por su valor instrumental. Es decir, mientras que la extroversión y el neuroticismo son en sí mismas fuentes de felicidad, la responsabilidad y la amabilidad son útiles como medio para conseguir otras cosas que son a su vez fuente de felicidad. El grado en que estas “habilidades” son necesarias depende en gran medida de las condiciones más o menos favorables en las que nos haya tocado vivir, lo que explicaría que su contribución neta a la felicidad dependa de las circunstancias.

Una de las principales limitaciones del estudio es que nos dice poco o nada sobre qué hace felices a las personas en otros barrios de Bilbao. Pero, en fin, nadie es perfecto.

__________

Jokela, M., Bleidorn, W., Lamb, M. E., Gosling, S. D., & Rentfrow, P. J. (2015). Geographically varying associations between personality and life satisfaction in the London metropolitan area. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112, 725-730.

Cómo enviar tus recuerdos a la papelera de reciclaje

Salvo que tu vida haya sido un cuento de hadas, alguna vez habrás querido borrar de tu memoria un recuerdo insoportable. Quizá preferirías olvidar aquel día en el que viste a tu pareja serte infiel o la muerte de tu madre tras una larga y dolorosa enfermedad. Incluso si has sido la persona más feliz del mundo, tal vez no te importaría borrar de tu memoria aquel instante en el que viste morir a tu cachorro Larry atropellado por un autobús escolar cuando tenías apenas 7 años. La imagen de Larry destripado mirándote indefenso mientras el fino hilo de su vida se rompía te asalta en las noches de tormenta y te mantiene en vela durante interminables horas.

Lo que hoy en día sólo es ciencia ficción podría ser una realidad en un futuro no tan lejano. Los estudios sobre un interesante fenómeno conocido como reconsolidación podrían tener la clave para modificar recuerdos traumáticos como estos. Según las teorías tradicionales, para que un recuerdo se almacene en la memoria a largo plazo es necesario que tenga lugar un proceso de consolidación que puede llevar horas o días. Durante este intervalo, ese recuerdo se encuentra en un estado lábil y fácilmente alterable. Cualquier interrupción de este proceso (por ejemplo, mediante drogas o eletroshocks) puede hacer que el recuerdo se pierda o se almacene de forma imperfecta.

Hasta hace poco tiempo se pensaba que la consolidación tenía lugar una única vez. Pero la investigación reciente sugiere que este proceso podría tener lugar de nuevo cada vez que recordamos cierta información. De ahí el nombre de reconsolidación para referirse al proceso por el que un recuerdo se consolida repetidamente cada vez que es activado. Esto supone que cada vez que pensamos de nuevo en aquel día en que Larry murió estamos volviendo a poner ese recuerdo en el mismo estado lábil y maleable en el que estaba durante el proceso de consolidación. En principio, si se interrumpe este proceso de reconsolidación, se podría borrar o atenuar ese recuerdo.

El fenómeno de la reconsolidación está bien establecido en la investigación con animales. Sabemos que si enseñamos algo a un animal (por ejemplo, a encontrar la salida de un laberinto o que cierto estímulo va seguido de algún evento desagradable) y reactivamos ese recuerdo días después, durante la reconsolidación se puede borrar esa información inyectando al animal sustancias que bloquean la síntesis de proteínas en el cerebro. Sin embargo, la experimentación con humanos no ha arrojado resultados tan concluyentes por diversos motivos. Muchas de estas sustancias son tóxicas y no pueden utilizarse en la investigación con personas. Eso ha llevado a utilizar métodos alternativos cuyos resultados son controvertidos y poco claros.

Kroes y colaboradores acaban de publicar en Nature Neuroscience un estudio que es hasta la fecha la mejor evidencia de reconsolidación en humanos. Para su estudio, utilizaron una muestra de pacientes con depresión severa que estaban siguiendo una terapia electroconvulsiva (TEC) de forma regular. En la primera sesión del experimento les mostraron información sobre dos historias diferentes. Una semana más tarde volvieron al laboratorio y se les pidió que recordaran brevemente parte de la información sobre una de las historias. A continuación se les administró una sesión de TEC. Veinticuatro horas después volvieron al laboratorio y completaron un sencillo examen sobre las dos historias que habían memorizado una semana antes. Los resultados muestran que los participantes habían olvidado muchos más detalles de la historia que habían “refrescado” justo antes de la TEC. Sin embargo, el recuerdo de la otra historia se mantenía intacto. Estos resultados no se observaban en otros dos grupos de control que o bien no habían recibido la TEC o bien cuyos recuerdos habían sido examinados antes de que el proceso de reconsolidación hubiera tenido lugar.

__________

Kroes, M. C. W., Tendolkar, I., van Wingen, G. A., van Waarde, J. A., Strange, B. A., & Fernández, G. (2014). An electroconvulsive therapy procedure impairs resconsolidation of episodic memories in humans. Nature Neuroscience, 17, 204-206.

Las apariencias engañan, o por qué es mejor no cambiar de respuesta en un examen tipo test

Si eres aficionado a los blogs de ciencia, seguramente habrás leído una y mil veces que la correlación no implica causalidad. Lo que tal vez no hayas leído es que a veces una correlación puede llegar a ocultar una relación causal de signo contrario. Uno de los mecanismos que puede dar lugar a esta situación es lo que en estadística se conoce como paradoja de Simpson. Posiblemente el ejemplo más famoso de esta paradoja lo proporciona una demanda planteada a la Universidad de Berkeley por aplicar una política sexista de admisión de estudiantes. La demanda se basaba en que las estadísticas de la universidad mostraban que los hombres tenían más probabilidades de ser admitidos en la universidad. Sin embargo, cuando los responsables de la universidad desglosaron los datos por departamento, se observó que en realidad no había sesgos contra las mujeres en ningún departamento. Si acaso, la tendencia era la contraria: dentro de cualquier departamento, las mujeres tenían una pequeña ventaja sobre los hombres.

¿Cómo es posible que los datos de cada departamento mostraran una ventaja paras las mujeres y que los datos de la universidad en su conjunto mostraran una ventaja para los hombres? La explicación es que las mujeres echaban más solicitudes para los departamentos más complicados. Seguramente, Rafa Nadal ha perdido muchos más partidos de tenis que yo. Pero yo sólo he jugado contra mi hermano cuando tenía 7 años y Rafa Nadal ha jugado contra los mejores jugadores del mundo. Lo mismo sucedía con los hombres y las mujeres que solicitaban ser admitidos en Berkeley. Los datos mostraban que las mujeres tenían más interés por jugar en la primera liga.

Hace pocos días acabo de descubrir que esta paradoja podría tener la respuesta para uno de los problemas que más preocupan a la humanidad. Cuando estamos haciendo un examen tipo test, ¿debemos cambiar de respuesta si nos entran dudas? La sabiduría popular dicta que en caso de duda, es mejor ceñirse a nuestra respuesta original. Si el instinto nos dice que la respuesta correcta era la A, mejor no cambiar esa respuesta. Sin embargo, varios estudios científicos parecen mostrar que la intuición se equivoca: Tomados en su conjunto todos los datos, la probabilidad de acertar parece ser mayor para las personas que cambian de respuesta que para las que no.

Pues bien, según un estudio de van der Linden y colaboradores, esta aparente contradicción podría deberse a una paradoja de Simpson. Al parecer, es cierto que las personas que sacan mejores notas son también quienes más cambian de respuesta en los exámenes. A nivel grupal, esto produce una correlación entre cambiar de respuesta y sacar mejores notas. Pero esto no quiere decir que cambiar de respuesta mejore las notas. Si se mantiene constante la habilidad de los participantes, entonces la tendencia que se observa es la contraria: Si dos estudiantes son igual de buenos, entonces el que cambia menos de respuesta es el que saca mejores notas.

El ejemplo parece muy diferente al de la universidad de Berkeley. Sin embargo, se trata exactamente del mismo problema. Los datos parecen sugerir una correlación cuando se ignora un factor (los departamentos en el caso de la universidad y la habilidad de los estudiantes en el caso de los exámenes), pero la correlación es la contraria cuando ese factor se tiene en cuenta. Si el tema te interesa, estos y otros ejemplos los podrás encontrar en una magnífica introducción al tema que acaban de publicar Kievit y colaboradores en Frontiers in Psychology.

__________

Kievit, R. A., Frankenhuis, W. E., Waldorp, L. J., & Borsboom, D. (2013). Simpson’s paradox in psychological science: A practical guide. Frontiers in Psychology, 4, 513.

van der Linden, W. J., Jeon, M., & Ferrara, S. (2011). A paradox in the study of the benefits of test-item review. Journal of Educational Measurement, 48, 380-398.

Manos calientes y jugadores falaces

Una creencia popular del mundo del baloncesto es que de vez en cuando algunos jugadores entran en racha y que cuando eso sucede lo mejor que pueden hacer sus compañeros de equipo es pasarle la pelota al afortunado tan pronto como les sea posible. En casi todos los libros de texto este fenómeno, conocido como “la mano caliente”, aparece como un ejemplo de superstición, fruto de nuestra tendencia a percibir patrones donde sólo hay ruido y azar. Sin embargo, también se han publicado estudios que defienden que la mano caliente es un fenómeno real que tiene lugar en terrenos tan diversos como el golf, los dardos o incluso las apuestas por internet. Los resultados de un ingenioso estudio de Juemin Xu y Nigel Harvey se decantan por esta segunda opción.

Estos autores solicitaron a una empresa de apuestas por internet que les facilitara los datos de una muestra de jugadores de diversos países. Gracias a ello pudieron obtener información sobre más de medio millón de apuestas realizadas por 776 jugadores. El análisis de estos datos muestra claramente que un jugador tiene más probabilidades de ganar cuantas más veces seguidas haya ganado anteriormente. Es decir, si el jugador ha ganado una vez, tiene más probabilidades de ganar una segunda vez. Si ha ganado dos veces, tiene más probabilidades de ganar una tercera. Y así sucesivamente.

Sin embargo, el mecanismo por el que esto sucede es totalmente paradójico. A medida que los participantes ganan más y más veces, empiezan a arriesgarse menos en sus apuestas. Es como si creyeran que cuantas más veces han ganado, tanto más probable es que su suerte cambie para peor. Esta creencia es lo que en la literatura psicológica se conoce como falacia del jugador. El ejemplo clásico sería el de una persona que cree erróneamente que después de tirar una moneda al aire cinco veces y obtener cinco caras consecutivas lo más probable es que la siguiente tirada salga cruz. Al parecer esto mismo es lo que creen quienes juegan a las apuestas: A medida que van ganando más y más veces consecutivas, empiezan a pensar que en la siguiente apuesta podrían perder, y por tanto cada vez hacen apuestas menos arriesgadas. El resultado es que como arriesgan menos, en realidad tienen más probabilidades de ganar. Y paradójicamente esto hace que cuantas más veces seguidas hayan ganado, más aumentan las probabilidades de que vuelvan a ganar en la siguiente apuesta.

__________

Xu, J., & Harvey, N. (2014). Carry on winning: The gambler’s fallacy creates hot hand effects in online gambling. Cognition, 131, 173-180.