Cerebros desconectados en la dislexia

Piensa en cuántos mensajes escritos has leído desde que te despertaste esta mañana. Si te pareces a mí, tal vez hayas tomado tu primera taza de café mientras consultabas el correo electrónico o los chascarrillos del Facebook. Casi todo el trabajo que te espera en la oficina aparecerá escrito en una pantalla. Y si no llegas a leer ese SMS a tiempo, posiblemente te perderás el par de cervezas que tus compañeros planean tomar a la salida del trabajo. En una sociedad hiperalfabetizada, tener problemas de lectura puede ser tan limitante como no tener mano derecha. Y sin embargo son muchas las personas que padecen dificultades severas para leer, a pesar de haber recibido una instrucción adecuada y tener una inteligencia normal. Al parecer no existen datos fiables sobre la prevalencia de la dislexia en nuestra sociedad, pero algunos estudios señalan que podría afectar hasta a un 5-10% de la población.

Tradicionalmente se han propuesto dos tipos de explicaciones para explicar qué está alterado en la mente de un disléxico. Según una explicación popular, estas personas no dispondrían de buenas representaciones fonéticas de los sonidos que se utilizan en su idioma. Por ejemplo, para aprender a leer es necesario saber diferenciar claramente sonidos parecidos, como la “d” o la “t”. Y al contrario, es necesario detectar que una “c” pronunciada de forma distinta por dos personas se refiere, no obstante, al mismo fonema. También hace falta ser muy sensible al orden en que se presentan los sonidos. Según esta teoría, todas las representaciones mentales que sirven de apoyo para hacer estas clasificaciones y categorizaciones estarían comprometidas en la dislexia. Sin embargo, según una teoría alternativa, las representaciones fonéticas estarían intactas en la dislexia, pero serían menos accesibles. Desde este punto de vista, los disléxicos no tendrían mayores problemas para categorizar correctamente los sonidos del habla. Pero sí podrían ser menos eficientes al utilizar esta información.

Según un interesante estudio que acaba de publicar un equipo de investigadores belgas en la prestigiosa Science, los datos neurológicos parecen respaldar esta segunda explicación. Los participantes del estudio en cuestión tenían que realizar sencillas tareas de discriminación fonética mientras se escaneaba el funcionamiento de su cerebro. Durante el experimento, las áreas cerebrales que se encargan del procesamiento fonológico funcionaron perfectamente tanto en los participantes disléxicos como en los controles: cada vez que se presentaba un sonido determinado se producía un patrón de activación consistente y diferenciado del que producían otros sonidos. Los dos grupos también realizaron la tarea con un grado de precisión parecido. Por tanto, no hay razón para pensar que las representaciones fonéticas de los disléxicos eran diferentes de las de los participantes sin problemas de lectura. Sin embargo, al analizar la conectividad de los cerebros, se encontró que en los disléxicos había menos coordinación en los patrones de activación de 13 áreas cerebrales que se consideran fundamentales para el procesamiento de fonemas. Más aún, el grado de descoordinación de estos patrones correlacionaba con el rendimiento de cada participante en una serie de pruebas psicológicas diseñadas para medir su capacidad de lectura, deletreo, conciencia fonológica y fluidez léxica. Estos datos sugieren que, efectivamente, las conexiones de algunas áreas cerebrales críticas para la lectura podrían ser menos funcionales en el caso de los disléxicos.

Posiblemente este estudio no termine con el debate de si la dislexia se debe a un problema de representaciones fonéticas o un problema en la accesibilidad a las mismas. Aunque los resultados avalan la segunda interpretación, quedan sin explicar todos los resultados de investigaciones previas que parecían más consistentes con la idea de que las representaciones fonéticas podrían estar afectadas. Además, este estudio se realizó íntegramente con participantes adultos, lo que plantea la duda de si sus resultados podrán extrapolarse al desarrollo de la dislexia en la infancia. En cualquier caso, los resultados del estudio suponen un nuevo estímulo para la investigación de un trastorno que, aunque rara vez salte a las pantallas de los medios de comunicación, puede ser tan grave como cualquier enfermedad crónica o tal vez más.

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Boets, B., de Beeck, H. P. O, Vandermosten, M., et al. (2013). Intact but less accesible phonetic representations in adults with dyslexia. Science, 342,  1251-1254.

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2 thoughts on “Cerebros desconectados en la dislexia

  1. Me parece un ejemplo de la clásica confusión entre correlación y causación, tan común en estudios de neuroimagen. Dicen que las diferencias en conectividad cerebral es lo que produce la dislexia…¡pero podría ser al revés perfectamente!

    • Totalmente de acuerdo (as usual!). Esto es particularmente preocupante en este caso por ser participantes adultos. ¡A saber cómo puede cambiar la conectividad cerebral como consecuencia (y no como causa) de toda una vida con dificultades de lectura! Este tipo de evidencia tendría mucha más fuerza si los problemas de conectividad se midieran en la infancia y resultaran ser un predictor del futuro desarrollo de la dislexia.

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