La buena literatura entrena nuestra capacidad de entender a los demás

Si fueras un Yanomamö, tendrías aproximadamente un 50% de probabilidades de morir en un enfrentamiento violento con un grupo rival. Si decides viajar arbitrariamente en el tiempo y en espacio, tus posibilidades de morir a manos de otra persona serán algo mayores o menores, pero en ningún caso se acercarán a la confortable seguridad de la que disfrutas en el calor de tu hogar mientras lees estas líneas. Tanto es así que podría decirse que a lo largo de la historia el asesinato ha sido la principal causa de “muerte natural”. En su fantástico libro Los ángeles que llevamos dentro, Steven Pinker especulaba sobre las razones que han llevado a nuestra sociedad occidental a disfrutar de los niveles más bajos de violencia que se han conocido bajo la faz de la tierra. Una de sus hipótesis más atrevidas era que el consumo habitual de películas y libros de ficción podría estar alimentando nuestra capacidad para entender a los demás, sentir empatía por ellos y controlar nuestros impulsos más violentos. Apenas hace unas semanas se publicaba en Science un estudio de David Kidd y Emanuel Castano que apoya esta idea. En varios experimentos estudiaron cómo cambia nuestra Teoría de la Mente –es decir, la capacidad para identificar y entender los estados subjetivos de otras personas– como resultado de leer buena literatura. En estos experimentos, los participantes debían leer primero un texto literario, un texto de ficción popular, o un ensayo. Posteriormente, realizaban varias pruebas psicológicas que medían su capacidad para entender los pensamientos y los sentimientos ajenos, y también se medía su familiaridad con la literatura en general. Los dos resultados más consistentes de la serie de experimentos son (a) que los participantes que leyeron obras de ficción buenas puntuaron más alto en su comprensión de los sentimientos ajenos que los participantes que leyeron best-sellers de escasa calidad literaria o ensayos y (b) que los participantes que ya de partida estaban más familiarizados con la literatura también puntuaban más alto en estas capacidades. Los resultados no dejan tan claro si la capacidad de entender los pensamientos (en lugar de los sentimientos) ajenos también mejora como resultado de leer buena literatura, aunque alguno de los experimentos así lo sugiere. A la luz de esta evidencia, hacen bien quienes temen a los hombres de un único libro, sobre todo si es un best-seller barato.

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Kidd, D. C., & Castano, E. (2013). Reading literary fiction improves theory of mind. Science, 342, 377-380.

Nuestros mejores ángeles

Cada vez que Steven Pinker se pone a escribir un libro, sólo cabe esperar lo mejor. Pero a veces consigue superar todas las expectativas. Su última obra, The better angels of our nature es de esos libros que no queda más remedio que leer, antes o después. Se trata de un profundo y meticuloso estudio de la evolución de la violencia en las sociedades humanas. Si eres de los que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor, no puedes estar más equivocado. Tenemos la suerte de vivir en la época menos violenta de la historia de la humanidad. A través de un detallado análisis de todos los datos disponibles, Pinker muestra que prácticamente no hay ninguna forma de violencia que no se haya reducido drásticamente a lo largo de los siglos. Incluso incluyendo las dos terribles guerras mundiales, nunca fue tan improbable sufrir una muerte violenta como en el siglo XX. Salvo si tienes la suerte de vivir en el siglo XXI, porque hasta en los pocos años que llevamos recorridos del nuevo milenio sigue su curso la reducción sistemática de la crueldad y la violencia.

¿Quiere esto decir que podemos relajarnos despreocupados a disfrutar de la paz duradera en la que vivimos? Nada  más lejos de la intención de Pinker que hacer predicciones sobre el futuro. Como señala varias veces a lo largo del libro, bastante difícil es entender el pasado como para jugársela a predecir qué va a pasar mañana. Su objetivo no es invitarnos a la serenidad y el optimismo, sino entender por qué la violencia se ha reducido. Si nuestra sociedad es más pacífica que nunca, algo habremos hecho bien. Pero es vital preguntarnos qué es exactamente lo que hemos hecho bien, porque de lo contrario nada impide que en un futuro cambiemos las condiciones sin saberlo y volvamos a nuestra primitiva violencia.

La estrategia que sigue Pinker es aprovechar que a lo largo de la historia ha habido variación en los niveles de violencia para ver cuáles son los factores que han precedido a esa variación y poder así explicarla. Saltar de correlación a causación es una maniobra arriesgada, ya se sabe. Pero cuando uno quiere entender las causas de la paz no hay experimentos que valgan. Uno sólo cuenta con el relato de la historia. A lo largo del texto, Pinker va detectando algunos buenos candidatos a ser reconocidos como causas del declive de la violencia.

Siempre entusiasta de Hobbes, el primero de los candidatos que encuentra Pinker no podría ser otro que el Leviatán: la existencia de estados centralizados con el monopolio del ejercicio de la violencia, evitando la guerra del todos contra todos y haciendo así que la vida deje de ser “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. El diagnóstico del segundo candidato se lo debemos a Kant y a la filosofía de la ilustración. Se trata de las relaciones comerciales entre las diversas naciones, que hacen que cada país tenga más que perder atacando a otro país que manteniendo negocios con él. Conquistar otra nación para apoderarse de sus recursos es más caro que comprarlos en el mercado internacional.

Junto a estos factores de carácter económico y político, Pinker encuentra también factores de carácter psicológico. Uno de ellos es la creciente capacidad de las personas para ponernos en el lugar de los demás y concebir cómo se sienten. Entre otras, según Pinker, le debemos esta creciente capacidad a la literatura, que nos expone en el mundo de la ficción a dilemas, tensiones, y desencuentros que apenas experimentamos en la vida cotidiana y que alimentan nuestra competencia moral. En esta misma línea, Pinker habla de la creciente “feminización” del ser humano como uno de los factores cruciales de la paz que disfrutamos. Los mejores ángeles de nuestra naturaleza resultan tener sexo, y son mujeres.