Ciegos ante la evidencia

Se han publicado decenas de artículos sobre la reticencia de los anti-vacunas o los negadores del cambio climático a aceptar la evidencia contraria a sus ideas. Casi todas las estrategias de intervención que se diseñan para luchar contra estas creencias fracasan una y otra vez. Las perspectivas de éxito resultan más desalentadoras, si cabe, cuando tenemos en cuenta que incluso las personas especializadas en cuestionar teorías y someterlas a prueba empírica son terriblemente reacias a cambiar sus ideas cuando los datos les llevan la contraria. Me refiero, cómo no, a los propios científicos.

O eso sugieren Clark Chinn y William Brewer en un sugerente artículo con el que acabo de toparme por casualidad. Según estudios previos que revisan en ese artículo, cuando los científicos se dan de bruces con un dato contrario a sus teorías, sólo ocasionalmente cambian sus creencias. En concreto, según la taxonomía de Chinn y Brewer, las ocho reacciones posibles ante la evidencia contraria son (a) ignorar los datos, (b) negar los datos, (c) excluir los datos, (d) suspender el juicio, (e) reinterpretar los datos, (f) aceptar los datos y hacer cambios periféricos en la teoría, y (g) aceptar los datos y cambiar las teorías.

Los autores utilizan un ejemplo real para ilustrar estas ocho reacciones. En la década de los 80 el premio Nobel Luis Álvarez y sus colaboradores propusieron que la extinción masiva del cretácico, en la que desaparecieron los dinosaurios, se había debido al impacto de un meteorito. El principal dato a favor de esta hipótesis era la alta concentración de iridio en el llamado límite KT, un estrato sedimentario que separaba el periodo cretácico de la era terciaria. El análisis de las citas que recibieron Álvarez y colaboradores durante los años siguientes a la publicación del artículo muestra que gran parte de la comunidad científica simplemente ignoró este descubrimiento (a). Durante algún tiempo incluso el propio equipo de Álvarez tuvo la sospecha de que los altos niveles de iridio en el límite KT podrían deberse a una contaminación de la muestra (b), lo que les obligó a tomar nuevas muestras. Algunos científicos sugirieron que los dinosaurios se habían extinguido 10.000 años antes del impacto del meteorito, con lo cual la capa de iridio no explicaba la extinción (c). Otros opinaban que la química del iridio no se conocía lo suficientemente bien como para poder extraer conclusiones (d). Tal vez algún día se podrían explicar esos altos niveles de iridio sin tener que asumir el impacto de un meteorito. Otro grupo de científicos reinterpretó los datos de Álvarez sugiriendo que el iridio del límite KT en realidad se habían filtrado de capas de sedimentos más recientes (e). También hubo quienes asumieron que el impacto del meteorito podría ser responsable de algunas de las extinciones del cretácico, pero no de todas ellas (f). Esto les permitía aceptar la evidencia encontrada por Álvarez pero sin renunciar a sus hipótesis previas sobre las causas de la extinción de los dinosaurios. Finalmente, algunos científicos renunciaron a sus hipótesis previas y aceptaron la nueva teoría sobre la extinción del cretácico (g).

No recuerdo si fue Thomas Kuhn o Max Planck quien dijo que la ciencia no evoluciona porque las teorías nuevas triunfen, sino porque quienes se oponen a ellas acaban muriéndose. Tal vez esa sea la novena y última reacción ante la evidencia contraria.

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Chinn, C. A., & Brewer, W. F. (1998). An empirical test of a taxonomy of responses to anomalous data in science. Journal of Research in Science Teaching, 35, 623-654.

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Los hechos son el aire del científico

El último artículo de Mario Laborda y sus colaboradores rescata una cita de Pavlov sobre la relación entre teoría y datos que no puedo resistirme a publicar aquí:

No matter how perfect a bird’s wing may be, it could never make the bird air-borne without the support of the air. Facts are the air of the scientist. Without them you will never be able to take off, without them your ‘theories’ will be barren. But when studying, experimenting and observing, do your best to get beneath the skin of the facts. Do not become hoarders of the facts. Try to penetrate into the secrets of their origin. Search persistently for the laws governing them (Pavlov, 1955, citado en Laborda et al., 2012, p. 50).

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Laborda, M. A., Miguez, G., Polack, C. W., & Miller, R. R. (2012). Animal models of psychopathology: Historical models and the Pavlovian contribution. Terapia Psicológica, 30, 45-59.