Qué es un contexto temporal

Uno de los fenómenos más conocidos pero menos entendidos de la psicología contemporánea es que el mero paso del tiempo influye en cómo nos comportamos y en cómo utilizamos la información que hemos adquirido. Si nos vemos involucrados en un juicio y nuestro futuro depende del veredicto de un jurado, no es lo mismo que los alegatos a nuestro favor se formulen al principio o al final. Y tampoco es lo mismo que el jurado deba pronunciarse justo tras oír los alegatos o un tiempo después. Sabemos que todo esto influye en la decisión del jurado.

El estudio de estos fenómenos es cualquier cosa menos nuevo. El lector recordará que a Pavlov se le conoce entre otras cosas por demostrar que si cada que damos de comer a un perro hacemos sonar una campana antes de darle la comida, siempre que en el futuro oiga la campana el animal comenzará a salivar. Lo cierto es que Pavlov no fue el descubridor del condicionamiento clásico, pero sí que fue el primer científico que investigó sistemáticamente este fenómeno. Descubrió, por ejemplo, que aunque el perro hubiera aprendido a salivar al oír la campana, si la campana empezaba a presentarse de forma aislada sin ir acompañada de la comida llegaba un momento que este reflejo desaparecía o, en términos técnicos, se extinguía. Lo curioso es que si se dejaba pasar un tiempo sin que el animal oyera la campana, ese reflejo podía reaparecer. Es decir, una conducta que parecía haberse desaprendido, por así decirlo, reaparecía con el paso del tiempo.

Para explicar este tipo de fenómenos, los psicólogos cognitivos suelen decir que algunas experiencias están íntimamente ligadas al contexto en el que se aprendieron. Por ejemplo, si teníamos miedo a las arañas y vamos a un psicoterapeuta para que nos trate este miedo, puede llegar un momento en el que nuestra fobia desaparezca en la consulta. Sin embargo, nada garantiza que cuando volvamos a casa y nos encontremos con una araña nuestro miedo no pueda volver a aparecer. En otras palabras, lo que aprendimos en la consulta puede no generalizarse a otros contextos.

A veces estos contextos son fáciles de definir (por ejemplo, una habitación, un parque, la compañía de una persona en concreto, etc.) pero otras veces parece que es el propio paso del tiempo el que hace que salgamos de un contexto y entremos en otro. Tal es el caso en los ejemplos que hemos mencionado anteriormente, como la reaparición de los reflejos extinguidos en los experimentos de Pavlov con el paso del tiempo, o la influencia del momento del veredicto en el caso de los jurados. En el ámbito del aprendizaje asociativo, son varias las teorías que utilizan este concepto de contexto temporal para explicar cómo la conducta y la recuperación de información cambian con el paso del tiempo. Pero son teorías poco formalizadas que, por ejemplo, son difíciles de simular en un ordenador.

Afortunadamente, en los estudios sobre memoria episódica sí que contamos con teorías matemáticas que podrían servir para definir mejor qué es un contexto temporal. En una reciente colaboración entre nuestro equipo de investigación y la Universidad de Queensland (Matute, Lipp, Vadillo, & Humphreys, 2011) proponemos una alianza entre estas teorías matemáticas sobre la memoria episódica y los estudios sobre los contextos temporales que se han realizado tradicionalmente en el área del aprendizaje asociativo. Por una parte, nuestros experimentos intentan replicar con tareas de aprendizaje predictivo fenómenos ya que habían sido investigados en el área de la memoria episódica y que muestran cómo al ver eventos asociados a un contexto temporal concreto se activan nuestros recuerdos de otros eventos que también aparecieron en aquel contexto. Además mostramos que esta combinación de teorías del aprendizaje y teorías de la memoria permite realizar predicciones novedosas que difícilmente se habrían considerado en cualquiera de esas áreas por separado.

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Matute, H., Lipp, O. V., Vadillo, M. A., & Humphreys, M. S. (2011). Temporal contexts: Filling the gap between episodic memory and associative learning. Journal of Experimental Psychology: General, 140, 660-673.

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