Buscando recuerdos con la mirada

Si alguna vez has tenido que aprender las valencias del carbono o la declinación de rosa, rosae, seguramente compartirás mi envidia por la memoria de un ordenador. Salvo que un golpe inesperado fulmine la vida de nuestro disco duro, podemos contar con encontrar en él nuestras fotos, vídeos y música, a cualquier hora y en cualquier lugar, siempre con la misma calidad. Nuestra memoria, por el contrario, no puede ser más caprichosa. Nos deja tirados en medio de un examen y nos viene con las respuestas correctas quince minutos después, cuando ya no las necesitamos.

Desde hace tiempo sabemos que uno de los factores que determinan si seremos capaces de recordar algo es cuánto se parece la situación actual a la situación en la que aprendimos originalmente esa información. Se trata de una hipótesis que se ha puesto a prueba con los métodos más variopintos imaginables. Por ejemplo, se sabe que si un grupo de buceadores estudia una lista de palabras bajo el agua, es más probable que recuerden las palabras correctamente si se les pide que lo hagan bajo el agua que si tienen que hacerlo en la superficie. También sabemos (niños, no intentéis esto en vuestros hogares) que si algo se aprende estando bajo el efecto de una droga, puede ser más fácil recordarlo después cuando se vuelve a estar de nuevo bajo los efectos de esa droga.

johansson_figSegún un estudio de Johansson y Johansson que acaba de publicarse en Psychological Science, la propia dirección de la mirada podría servir como clave de recuperación cuando intentamos recordar algo. En este experimento, los participantes debían estudiar durante unos segundos una imagen como la que podéis ver aquí. Tras retirar la imagen, los participantes debían responder a preguntas sobre los estímulos que se habían presentado en la pantalla. Se trataba de preguntas sencillas como, por ejemplo, en qué dirección miraba Santa Claus o qué había a la derecha de la silla. Lo interesante, es que  mientras los participantes respondían a estas preguntas se les obligaba a mirar a ciertos lugares de la pantalla, usando un eyetracker para comprobar que los participantes efectivamente estaban mirando a donde se les pedía. Los resultados muestran que los participantes recordaron mejor las imágenes cuando se les obligaba a dirigir la mirada hacia los lugares donde se habían presentado los estímulos a los que se referían las preguntas. Incluso cuando no se obligaba a los participantes a mirar a ningún lugar en concreto, era más probable que recordaran las respuestas correctas si su mirada se dirigía espontáneamente al lugar donde se habían presentado esos estímulos. De modo que, ya sabes: la próxima vez que no consigas recordar algo, prueba a mirar en la dirección adecuada.

__________

Johansson, R., & Johansson, M. (en prensa). Look here, eyemovements play a functional role in memory retrieval. Psychological Science.

La buena literatura entrena nuestra capacidad de entender a los demás

Si fueras un Yanomamö, tendrías aproximadamente un 50% de probabilidades de morir en un enfrentamiento violento con un grupo rival. Si decides viajar arbitrariamente en el tiempo y en espacio, tus posibilidades de morir a manos de otra persona serán algo mayores o menores, pero en ningún caso se acercarán a la confortable seguridad de la que disfrutas en el calor de tu hogar mientras lees estas líneas. Tanto es así que podría decirse que a lo largo de la historia el asesinato ha sido la principal causa de “muerte natural”. En su fantástico libro Los ángeles que llevamos dentro, Steven Pinker especulaba sobre las razones que han llevado a nuestra sociedad occidental a disfrutar de los niveles más bajos de violencia que se han conocido bajo la faz de la tierra. Una de sus hipótesis más atrevidas era que el consumo habitual de películas y libros de ficción podría estar alimentando nuestra capacidad para entender a los demás, sentir empatía por ellos y controlar nuestros impulsos más violentos. Apenas hace unas semanas se publicaba en Science un estudio de David Kidd y Emanuel Castano que apoya esta idea. En varios experimentos estudiaron cómo cambia nuestra Teoría de la Mente –es decir, la capacidad para identificar y entender los estados subjetivos de otras personas– como resultado de leer buena literatura. En estos experimentos, los participantes debían leer primero un texto literario, un texto de ficción popular, o un ensayo. Posteriormente, realizaban varias pruebas psicológicas que medían su capacidad para entender los pensamientos y los sentimientos ajenos, y también se medía su familiaridad con la literatura en general. Los dos resultados más consistentes de la serie de experimentos son (a) que los participantes que leyeron obras de ficción buenas puntuaron más alto en su comprensión de los sentimientos ajenos que los participantes que leyeron best-sellers de escasa calidad literaria o ensayos y (b) que los participantes que ya de partida estaban más familiarizados con la literatura también puntuaban más alto en estas capacidades. Los resultados no dejan tan claro si la capacidad de entender los pensamientos (en lugar de los sentimientos) ajenos también mejora como resultado de leer buena literatura, aunque alguno de los experimentos así lo sugiere. A la luz de esta evidencia, hacen bien quienes temen a los hombres de un único libro, sobre todo si es un best-seller barato.

__________

Kidd, D. C., & Castano, E. (2013). Reading literary fiction improves theory of mind. Science, 342, 377-380.