Recomendaciones de la Comisión Europea para la contratación de investigadores

La entrada más exitosa de la historia de este blog fue un programa de asignatura ficticio en el que me burlaba de la política de contratación imperante en las universidades españolas. Si el mundo funcionara medianamente bien, el verdadero programa de esa asignatura debería parecerse a esta iniciativa que acabo de conocer tan sólo hace unos minutos gracias a Ion Yarritu. Se trata de un sello de calidad que ofrece la Comisión Europea a las instituciones científicas que cumplen con unos requisitos mínimos de transparencia y excelencia en la contratación de investigadores. El proceso es bien sencillo. Las instituciones deben comprometerse a hacer una evaluación completa y transparente de su sistema de contratación y deben publicar periódicamente un informe sobre los resultados de ese análisis y sobre las medidas que van a tomar para mejorarlo. Todo el sistema debe estar sometido a un proceso de evaluación continuo por parte de la propia institución y por parte de agencias externas. Las instituciones que cumplen con estos requisitos reciben a cambio un sello de calidad que pueden lucir en sus páginas web y también pasan a figurar en el listado de instituciones reconocidas por EURAXESS. Aunque ha sido una grata noticia ver que mi universidad ya aparece en el listado, mi sonrisa se ha desvanecido cuando he movido la barra de desplazamiento hasta donde ponía SPAIN y he contemplado sin mucho asombro que ninguna universidad española aparece en el listado. Ni en el listado con las instituciones ya reconocidas, ni en el listado que recoge a todas las instituciones que han mostrado algún interés en este sello de calidad. Tan sólo tres instituciones españolas aparecen reconocidas: la fundación vasca para la investigación IKERBASQUE, el instituto del agua IMDEA, y el Instituto de Salud Carlos III.

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Españistán convoca concurso de acceso a los cuerpos docentes

No tengo ni idea de qué habrá que hacer para ser bombero. Pero intuyo que el proceso pasa por matricularse en una academia, estudiar un temario, ir al gimnasio asiduamente durante varios meses y apuntarse a unas oposiciones. Todo ello para comprobar en última instancia que para cubrir cincuenta plazas se presentan tres mil candidatos y que es poco probable que esos abdominales tan trabajados lleguen a ocupar una página en el calendario de la clásica camionera.

A juzgar por las cifras yo diría que es mucho más fácil presentarse a las convocatorias de profesor universitario. Sí, como lo oye. Le invito a que busque unas cuantas por Internet. Verá: una plaza, un aspirante; una plaza, un aspirante… La pauta se repite sin cesar. La razón tiene que ver con una cosa cuyo nombre empieza por corrup- y termina por -diocridad. Se diferencia del caso de los trajes en la tela, ya me entiende, pero se le parece en todo lo demás. Comprenderá usted que teniendo cada universidad un candidato favorito, no es plan publicitar a esas ofertas y confiar en aquello de “que gane el mejor”. Lo mismo se presenta un tío con treinta publicaciones y nos deja a Pepe sin plaza, no te… digo, jopetas. Por cada uno de estos enchufados (¿plugins?) y sobrinos-de que entran en la universidad hay un científico o académico competente que tiene que hacer las maletas y probar suerte en otro país. Pero esto poco importa en Españistán. Incluso queda margen para recortar la financiación de la I+D en 600 millones y dejar que se vayan unos pocos más.

No creo que en todo el territorio nacional haya un solo estudiante de la ESO lo suficientemente corto como para no poder imaginar cinco medidas con las que solucionar este problema, y seguro que al menos tres de esas medidas tienen coste cero. Por desgracia, mi fe en los estudiantes de secundaria no se extiende a los ministros habidos y por haber, y mucho menos a los decanos y rectores. Mientras el tiempo confirma si se cumple o no mi predicción que de nada cambiará, ¿me permite que le haga una sugerencia? Ahorre y envíe a sus hijos a una buena universidad estadounidense o noreuropea. Se lo agradecerán, ya verá. Total, si son personas inteligentes, terminarán allí de una forma u otra.

Pero, en fin, tampoco me haga mucho caso. Al fin y al cabo, yo estudié aquí.