Lysenko, el cambio climático y el libre mercado

ilysenk001p1Una cara de la ignorancia humana tiene que ver con todas aquellas cosas en las que creemos y que resultan ser falsas. Usar “medicinas” alternativas que se sabe que no funcionan o prepararse para la llegada inminente de extraterrestres son buenos ejemplos de esta faceta de la irracionalidad. Pero más asombrosas si caben son las numerosas manifestaciones de la cara contraria: la profunda tendencia a rechazar como falsas ideas que son manifiestamente verdaderas.

Entre los innumerables ejemplos de esta ceguera intelectual, mi favorito lo protagoniza Trofin Denisovich Lysenko (1898-1976). De haber sido ciertas, sus teorías agronómicas habrían terminado con el hambre en el mundo. Los experimentos que supuestamente realizó en su juventud le llevaron a concluir que podían mejorarse las semillas de los cereales para conseguir que pudieran cultivarse en climas más fríos o más cálidos de lo normal y así multiplicar el número de cosechas a lo largo del año. El proceso para conseguirlo se denominaba vernalización. Se trataba de mantener las semillas durante cierto tiempo a temperaturas muy bajas y a niveles de humedad determinados para mejorar su adaptación al frío. Según Lysenko, este proceso no sólo cambiaba las propiedades de las semillas manipuladas, sino que también producía cambios en toda su descendencia. Es decir, que una vez vernalizada una semilla, todas las semillas que descendieran de ella estarían automáticamente vernalizadas sin necesidad de repetir el proceso. Esta teoría y su puesta en práctica le valieron a Lysenko numerosos honores, entre ellos ser nombrado director del Instituto de Genética de la Academia de Ciencias de la URSS y estar a cargo de la política agraria del país durante décadas.

Si el lector recuerda algo de las clases de biología de secundaria, se dará cuenta de que lo que Lysenko estaba defendiendo era aquello de la herencia de los caracteres adquiridos, la teoría de la herencia lamarckiana que hoy cualquier niño de 12 años sabe que es falsa. Si a una mosca le arrancas las alas (el ejemplo no es mío), no por ello su descendencia dejará de tener alas. La teoría es manifiestamente falsa y se sabía en la época. Sin embargo, las prácticas basadas en ella continuaron porque criticarlas era ilegal. La teoría darwinista de la evolución y la genética mendeliana se consideraban hijas del pensamiento capitalista y no podían ser reconocidas como ciertas en un estado soviético. Abrazar el darwinismo o criticar las teorías de Lynsenko se consideraban traición a los ideales del comunismo y eran condenados como tal. Eran una “verdad incómoda”.

No puedo evitar recordar esta historia mientras leo el nuevo artículo de Stephan Lewandowsky, Klaus Oberauer y Gilles Gignac que está a punto de publicarse en Psychological Science. El artículo trata de la “verdad incómoda” de nuestro tiempo: el cambio climático. Como explican los autores en la introducción, el 90% de los científicos está de acuerdo en que el clima está cambiado como resultado de las emisiones de CO2 y todo indica que los informes que están publicando los comités sobre cambio climático son más conservadores que alarmistas. Sin embargo, la “manufactura de la duda” ha conseguido convencer a una gran parte de la población de que el problema no existe y que los propios científicos no están de acuerdo. En España tenemos la suerte de contar con importantes políticos cuyos primos sabían mucho de este asunto.

No pretendo resumir aquí todos los resultados del estudio de Lewandowsky y colaboradores. Pero sí el más importante: entre los numerosos predictores de la tendencia a negar el cambio climático el que más peso tiene, con mucha diferencia, es la creencia en la ideología de libre mercado. Al igual que sucedía con los efectos nocivos del tabaco o con el agujero de la capa de ozono, la realidad del cambio climático pide a gritos un mayor intervencionismo que resulta intolerable para quienes creen firmemente en la economía de libre mercado. También aquí, si la verdad choca con la ideología, tanto peor para la verdad.

Si la ceguera de Lysenko tuvo un gran precio para la antigua URSS (décadas de hambruna y un atraso científico en todo lo relacionado con la biología que apenas hoy se empieza a superar), imaginen el precio que pagaremos por esta otra ceguera…

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Lewandowsky, S., Oberauer, K., & Gignac, G. E. (in press). NASA faked the moon landing –Therefore, (climate) science is a hoax: An anatomy of the motivated rejection of science. Psychological Science.

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