Lo que el cerebro nos dice

Quienes me conocen bien saben que sólo hay una cosa en el mundo que me produce más espanto que los txipirones en su tinta. Me refiero, cómo no, a la mera idea de quedarme solo en un aeropuerto sin un libro que leer. Algunas de mis lecturas más desafortunadas se deben al desesperado intento de evitar horas interminables de vagabundeo por las tiendas de recuerdos. Las librerías de los aeropuertos suelen ofrecer poca alternativa al best-seller de moda, pero muy de vez en cuando sus estanterías te brindan una agradable sorpresa. Mi último viaje a Bruselas me deparó uno de esos momentos afortunados. Contra todo pronóstico, me esperaba allí la versión original del último libro de Vilayanur Ramachandran, que en castellano se ha publicado con el título de Lo que el cerebro nos dice. El libro toca los temas más diversos de la neurociencia actual, pero con una atención especial al detalle en la narración de los casos clínicos y de los experimentos que es poco habitual en los libros de divulgación. En el lado negativo, a medida que el libro avanza, tal vez pierda algo de su frescura, al abandonar el terreno firme de los hechos concretos y adentrarse en la especulación teórica. Pero nada de ello menoscaba su valor.

Entre mis fragmentos favoritos, se encuentra una sección dedicada a uno de los fenómenos más populares de la neurología. Se trata del llamado dolor del miembro fantasma, la dolencia de muchos pacientes que, después de haber perdido un brazo o una pierna, siguen notando que les duele o que se les ha quedado en una postura incómoda. En una excelente introducción al tema, el autor nos presenta y explica los hechos más sorprendentes sobre el tema, como, por ejemplo, que el dolor de un brazo fantasma a veces remite cuando el paciente se rasca la cara en un lugar exacto. A Ramachandran le corresponde el honor, en sus propias palabras, de haber sido el primero en “amputar” exitosamente un miembro fantasma. La técnica en cuestión ya ha pasado todas las pruebas de doble ciego y se perfila como una de las terapias más exitosas para tratar estos dolores. Como se muestra en la foto, donde debería estar el brazo amputado se ubica un espejo que refleja la imagen del brazo que el paciente aún conserva. Por un momento, esa persona puede mirar hacia abajo e imaginarse que aún tiene ambos brazos. A continuación, se le pide que mueva “ambas” manos de forma simétrica y que observe la imagen que producen “ambos” brazos. Al parecer, mientras los pacientes hacen estos ejercicios, se producen ajustes en la representación que el cerebro hace del brazo ausente. La información visual sobre la presencia del brazo se integra de forma coherente con las señales propioceptivas que persisten en la corteza somatosensorial a pesar de que el miembro haya sido amputado. Sorprendentemente, el dolor se atenúa en unas cuentas sesiones. Si esto les parece interesante, no les cuento nada del capítulo dedicado a la sinestesia…

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