El extraño caso del Dr. Freud y Miss Eckstein

El siempre humilde Freud gustaba de compararse con algunas de las figuras más destacadas de la historia de la ciencia. Según el médico vienés, el psicoanálisis constituía el tercer y definitivo golpe al orgullo humano, tras la teoría heliocéntrica de Copérnico y la teoría de la selección natural de Darwin. Y en lo que a impacto social se refiere, no andaba equivocado. A día de hoy, las encuestas sociológicas nos muestran que millones de ciudadanos del mundo desarrollado siguen sin aceptar la evolución. Pero, hasta donde mi conocimiento alcanza, ninguna ley de Alabama ha puesto obstáculos a la enseñanza del psicoanálisis en las aulas.

El respeto que despierta su figura entre algunos de nuestros académicos tiene menos que ver con la admiración que con la veneración, y criticar abiertamente el psicoanálisis viene a ser, en algunos círculos, poco menos que quemar la imagen de un santo o hacer una caricatura de Mahoma. Dudo mucho que el nombre de otros personajes equivalentes de la historia de la psicología como Skinner o Chomsky le suenen de nada al ciudadano medio. Sin embargo, mientras escribo estas líneas, la nueva película de Cronenberg, Un método peligroso, rinde culto al tercer hijo de Jacob Freud.

Cualquier intento de criticar el psicoanálisis es automáticamente interceptado con una serie de argumentos que nos resultan familiares a todos los que no simpatizamos con la obra de Sigmund. Me permitirá el lector que me centre aquí sólo en una de estas contramedidas. Según los férreos defensores del credo psicodinámico, la eficacia de la terapia psicoanalítica es la prueba absoluta y definitiva de la veracidad de sus teorías. ¿Cómo iban a curarse los pacientes neuróticos sometidos a psicoanálisis de ser falsa la teoría en la que se basa? En la obra freudiana abunda la descripción de casos que atestiguan su valor terapéutico.

Pero, ¿quién juzga qué casos son un éxito y cuáles no? Confío en el criterio no informado del lector para valorar el éxito del siguiente caso, relatado en el reciente libro de Michel Onfray, Freud. El crepúsculo de un ídolo.

Emma Eckstein (1865-1924)

Corría el año 1892 cuando la joven Emma Eckstein acudió a la consulta del Dr. Freud buscando una solución para problemas de poca gravedad, que incluían dolor de estómago crónico, depresión moderada y abundantes hemorragias menstruales. En la mente del padre del psicoanálisis estos síntomas sólo podían ser la manifestación de una histeria provocada por una masturbación excesiva. Afortunadamente, nada que no pudiera curarse con tres años de psicoterapia.

O tal vez sí, porque en 1895 Freud opta por recomendar a su paciente someterse a un innovador tratamiento. Tanto él como su colega Wilhelm Fliess habían especulado en sus cartas sobre las complejas conexiones entre la nariz y los órganos sexuales. Fliess había puesto ya a prueba estas ideas cauterizando la cavidad nasal de sus pacientes, pero sospechaba que con estas intervenciones sólo se podía lograr un éxito pasajero. La curación completa e irreversible requería una cirugía más profunda. En el caso de Emma Eckstein, a quien Freud había diagnosticado una “neurosis nasal refleja”, Fliess recomienda extirpar el cornete nasal izquierdo.

Contra todo pronóstico, Emma empeora sistemáticamente tras la operación. Las abundantes hemorragias e infecciones, los intensos dolores y las secreciones fétidas habrían alertado a cualquier médico del mal estado de las heridas. Sin embargo, el Dr. Freud, que no desea importunar a su amigo Wilhelm con las quejas de la enferma, achaca el estado de Emma a la somatización de su trastorno histérico y a la hostilidad reprimida hacia él mismo y hacia Fliess. Sólo cuando el estado de la paciente se hace insostenible decide Freud pedir ayuda a su amigo el Dr. Ignaz Rosanes, quien encuentra en la nariz de la joven Eckstein una gasa de medio metro de longitud que Fliess se había olvidado durante la operación.

La desafortunada Emma quedó permanentemente desfigurada después de este episodio y las hemorragias nasales se convirtieron en un problema crónico. No obstante, el diagnóstico de Freud se mantuvo firme: Los deseos sexuales reprimidos que antes de la operación habían provocado la dismenorrea eran también responsables de las nuevas hemorragias nasales. Su opinión no cambió cuando diez años después Emma volvió a sufrir de dolores abdominales. Esta vez Emma se negó a retomar el psicoanálisis, como le propuso Freud, y se puso en manos de médicos más competentes que pocos años después le extirparon un mioma benigno en el útero. Quién sabe cuánto tiempo llevaba el tumor allí.

Años después de la muerte de Emma en 1924, Freud seguía calificando el caso como un éxito rotundo…

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13 thoughts on “El extraño caso del Dr. Freud y Miss Eckstein

  1. Hombre, como nos pongamos a buscarles las cosquillas a todos los métodos psicoterapéuticos y expurgar casos aislados como el que cuenta Onfray, dudo que se libre nadie, ya sea psicoanalista, conductista, cognitivo-conductual, humanista o lo que sea. Creo recordar que los hijos de Watson terminaron medio trastronados por los métodos educativos de su padre… y el psicoanálisis, irónicamente, les ayudó. La idea de que el psicoanálisis “no es científico”, que subyace al post, sólo se sostiene si se cree que hay una psicología científica alternativa epistemológicamente bien fundamentada, axiológicamente neutral, etc. Pero no hay forma de demostrar eso, como no hay forma de demostrar concluyentemente que, desde el punto de vista de la pura eficacia terapéutica, existan modelos teóricos claramente mejores que otros. El psicoanálisis proporcionó a la psicología (clínica) su formato hace cien años, y desde entonces ésta no ha hecho más que explotarlo. Los modelos conductuales y cognitivos (y cognitivo-conductuales) se han autolegitimado desde mediados del siglo pasado cortando sus lazos con el psicoanálisis, aliándose con la psicología académica y mostrándose a sí mismos como modelos derivados de una psicología científica, seria, responsable, preocupada por el progreso de la sociedad y el bienestar de las personas, etc. Pero no vamos a confundir la realidad con ese deseo autolegitimador, ¿verdad? Un saludo.

    • Gracias a vosotros. Es obvio que partimos de posiciones epistemológicas diferentes y, en general, de diferentes ideas acerca de lo que es el conocimiento, la ciencia, la psicología… Algunos, efectivamente, no creemos en los hechos puros ni creemos que exista una evidencia que hable por sí misma. Tampoco creemos en una racionalidad abstracta, universal, susceptible de ser ejercida a través de un método. Por cierto, los ejemplos del paraguas y la alfombra voladora recuerdan mucho las reflexiones de Hume, el filósofo empirista del siglo XIX. Unas reflexiones que respetaban la certeza pragmática o del sentido común (sé que si no llevo paraguas me mojaré) pero desembocaban en el escepticismo más absoluto en lo que respecta a las verdades científicas (no hay forma de justificar racionalmente las relaciones causales). Bueno, creo que hasta aquí podemos llegar. Un saludo.

  2. @ulalumiaJC: decir que solamente se sostiene la idea de que el psicoanálisis “no es científico” si se cree que hay una psicología científica alternativa epistemológicamente bien fundamentada es como si te respondo que decir que el espiritismo “no es científico” solamente se sostiene si se cree que hay una ciencia de hablar con el más allá alternativa epistemológicamente bien fundamentada. ¿Por qué afirmas que es condición sine qua non para declarar al psicoanálisis “no científico”? Conociendo el método científico resulta más que evidente que el psicoanálisis no lo sigue, así que afirmar que no es científico no me parece ninguna insensatez. Otra cosa es que el hecho de no ser científico no implica que haya que negar su influencia o que haya que quemar los libros de Freud. Tampoco hemos quemado los de Aristóteles, pero no pretendemos guiar la química combinando aire, agua, tierra y fuego.

  3. Querido amigo, no sé qué cosa es el “método científico”. ¿El que proponían los positivistas del siglo XIX? ¿El que proponían los miembros del Círculo de Viena? ¿El que proponían los empiristas lógicos posteriores? ¿El del falsacionismo popperiano? ¿El inductivo? ¿El hipotético-deductivo? ¿El anarquismo epistemológico de Feyerabend? ¿El juego de alianzas de poder y búsqueda de prestigio que analizan los sociólogos de la ciencia? ¿Las prácticas cotidianas de los científicos que analizan quienes se dedican a la antropología de laboratorio? Hay un par de escenas en la película de Cronenberg donde Freud presume de ser científico, de atenerse a los hechos clínicos, y critica a Jung por su alejamiento de la ciencia y su deriva mística. Es curioso que, desde perspectivas psicológicas no psicoanalíticas, se critique precisamente a Freud por cosas parecidas, o sea, por no atenerse a los hechos, por especular, etc. El problema es que los hechos, como tales, no existen. Dependen del contexto de interpretación, que es teórico. Si rechazamos cosas como la parapsicología y el espiritismo es por sus contenidos, no por su método (en realidad los parapsicólogos están obsesionados por los aparatos y por emular el lenguaje de las ciencias naturales). Las rechazamos porque exigen creer en cosas cuya existencia descartamos o son autocontradictorias, como la acción a distancia, la percepción extrasensorial o las almas inmateriales. Seguramente rechazamos esto porque contamos con conceptos teóricos mucho más potentes, procedentes de la física o la biología. O porque nuestra visión materialista del mundo (que yo comparto) las excluye. Pero el psicoanálisis, cuando postula cosas como el Complejo de Edipo o el Superyó, no está en inferioridad de condiciones respecto a otras teorías psicológicas. Conceptos como “conducta operante”, “procesamiento de información” o “independencia de campo”, por ejemplo, no son ni más ni menos “especulativos” que los de Freud. Se hallan igual de cargados de suposiciones teóricas. Supongo que, si a alguien le parece evidente que el psicoanálisis no sigue el método científico, es porque está muy seguro lo que es el método científico, la ciencia, los hechos, la racionalidad, etc. Está en su derecho, pero esa seguridad no es muy diferente a la que exige un acto de fe. Un saludo.

  4. No estoy en absoluto de acuerdo que rechacemos el espiritismo por sus contenidos y no por su método. Todo lo contrario. La ciencia no niega cualquier contenido, solamente solicita la suficiente evidencia empírica para refutar o rechazar un modelo. Pero negar a priori algún contenido es más propio de otro tipo de saberes. Como ejemplo cercano tenemos las velocidades superlumínicas que parecen alcanzar los neutrinos. El modelo actual no predice eso, pero la evidencia es contraria, así que actualmente los científicos están revisando tanto los datos como el modelo, para encontrar dónde está la anomalía. Descartar esos datos a priori como sugieres sería seguir la estrategia de la avestruz (es una forma de hablar, ya sabemos que las avestruces hacen eso realmente :-D).

    El psicoanálisis no es científico porque sus métodos son pre-científicos y la mayoría de sus proposiciones infalsables. Y ya sabemos que “excontradictione quodlibet”, de algo falso podemos colegir lo que nos dé la gana. Así no se hace ciencia.

  5. Personalmente, no puedo estar más de acuerdo con Txipi en esta disputa. A mi modo de ver la psicología no se divide en psicoanálisis, por un lado, y modelos cognitivo-conductuales, por otro. De hecho, ya que ha salido su nombre en estos comentarios, os puedo prometer que Watson se llevará su parte en este blog. La distinción que realmente me interesa es la que se establece entre ideas plausibles y basadas en la evidencia e ideas no tan plausibles. Uno de los principales problemas del psicoanálisis es que hace afirmaciones muy arriesgadas en relación a los fundamentos empíricos en los que se ampara. A modo de ejemplo, decir que todos los niños desean mantener relaciones sexuales con su progenitor del sexo opuesto y odian a su progenitor del propio sexo no es una afirmación que, per se, sea científica o no. En principio, lo único que es es una proposición que, implausible o no, puede ser verdadera o falsa. Ciertamente es implausible, y por eso para creer en ella es legítimo pedir abundante evidencia. (“Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”.) Sin embargo, allí donde Freud debería amparar sus afirmaciones en abundantes datos sobre el desarrollo humano y en evidencia públicamente observable o replicable, la única evidencia que nos ofrece es su propio testimonio. Nos anima a confiar en que sus ideas se siguen necesariamente de sus observaciones, sin darnos acceso ni a las observaciones ni al hilo inferencial que le lleva de estas a la teoría. Cualquiera que considere esa argumentación válida estará obligado a creerme si le digo que los extraterrestres me visitaron esta noche.

    Una de las ideas clásicas con las que se defienden prácticas pseudocientíficas es que no existe tal cosa como “la verdad” o la “evidencia empírica” puras. A cualquiera que piense que nuestra interpretación de la realidad siempre está mediatizada por nuestras creencias teóricas y que no hay tal cosas como los hechos puros, le invito a dejarse el paraguas en casa la siguiente vez que llueva o a intentar viajar al trabajo en alfombra voladora. Esto no quiere decir que, como afirma JC, no sea cierto que el lenguaje especulativo, alejado de los hechos, no sea tan común en otros campos de la psicología como lo es en el psicoanálisis. Estoy completamente de acuerdo con él. Pero esto no dice nada a favor de esos conceptos psicoanalíticos, sino en contra de quienes fuera del psicoanálisis también recurren a la especulación sin base alguna en la evidencia.

    Un saludo a todos. Y a pesar de las diferencias, muchas gracias por participar en este foro.

  6. Pingback: Piedras sobre mi tejado « Brainconscientes

  7. Muchas veces, en interesantes conversaciones epistemológicas como estas, se suelen mezclar filosofía y ciencia. Creo que, hoy día, quienes abogamos por la metodología científica en psicología no nos preocupamos por definir la “verdad”, “qué es y qué no es el conocimiento”, “si existen o no existen los hechos”… Reconozco que el debate encauzado de este modo, resulta mucho más atractivo, pero poco fructífero.

    Pero como decía, hoy día hablar de psicología clínica científica debe, o debería, hablarse en términos de la metodología de la investigación, o lo que es lo mismo, de qué forma sabe el clínico que lo que hace funciona. Sabemos que los más altos niveles de evidencia los obtenemos a partir de las revisiones sistemáticas de ensayos clínicos con una muestra significativa de pacientes, donde los participantes son asignados aleatoriamente a uno de los dos grupos que se comparan (experimental o control) y donde el evaluador es cegado, es decir, que a la hora de evaluar a un paciente tras el tratamiento no sabe a qué grupo perteneció en el ensayo. Tras comparar ambos grupos (y tras realizar los oportunos cálculos estadísticos como las diferencias entre grupos y el tamaño del efecto), determinaremos la eficacia (validez interna: que nos dirá si, tras aplicar el programa de tratamiento, los cambios que se producen en la variable dependiente se deben al tratamiento o a otros factores distintos), efectividad (validez ecológica: que nos dirá si los resultados de la investigación podrían generalizarse a la situación clínica real) y eficiencia (se pretenderá que los logros terapéuticos se consigan con el menor costo posible en términos de tiempo, dinero…) con los resultados obtenidos. Así de aburrido, pero esto es que entiendo por psicología científica, y creo que es en lo que deberíamos basarnos a la hora de elegir un tratamiento para nuestros pacientes. No obstante, esto no es un dogma religioso, este método ni está exento de críticas ni es el definitivo. Esta es la grandeza de la ciencia: su propio método implica su propia reconfiguración, es su mejor crítica.

    Esto no ha de ser una guerra entre escuelas, ya no tiene sentido luchar por darle más legitimidad a una que otra. Los datos están ahí y cualquiera puede acceder a la literatura científica a comprobarlo. Yo prefiero dividir la psicología entre científica y no científica, y que cada cual escoja lo que a su juicio, y sin olvidar que estamos trabajando en el sufrimiento humano, le parezca más ético, justo y razonable.

    Saludos.

  8. Totalmente de acuerdo, Katxu. Es un debate muy interesante el de hasta qué punto existe una realidad objetiva que pueda ser descrita desde un punto de vista neutro, independiente de nuestra perspectiva teórica. Pero es muy mal síntoma que en psicología se recurra tan sistemáticamente a este debate filosófico para tener que justificar algo tan sencillo como por qué se utiliza el tratamiento A en lugar del tratamiento B. Como bien señalas, esto nada tiene que ver con las escuelas teóricas, sino con tener la humildad suficiente para dar por sentado que uno podría estar equivocado y que siempre que sea posible conviene recurrir a la evidencia para comprobar que no es así.

  9. Freud hizo tambien una operacion en el abdomen de su hija Mathilde para curar su histeria. Es tal vez por eso que no tuvo hijos. Cuando se leen las cartas di Freud a sus amigos, a su novia y a sus hijos (v. la biografia de los Freuds di Eva Weissweiler) es muy claro que este Freud fue un typo muy raro con unas particularidades alarmantes.

    En una lettera a su futura mujer le accusa prima que en la famiglia a ella hay un problema genetico. Pues dice que el no puede quejarse porque en la familia des su padre tambien hay una propension alla “neuralgia”; explica que uno des su parentes tuvo un hydrocephalus y que dos otros fueron hopitalizados en un sanitorio a 19 y 20 anos. Para mi, Sigmund y Anna Freud fueron asperger autistas. (Su nieto il pintore Lucian Freud tambien es autista.) El autismo explica mucho en sus teorias y practicas, tanto las fortelezas como los debilidades.

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