Hace pocos días se me acercó un voluntario de una conocida secta de las que salvan tu alma contrarrebolso. Me tendió una pequeña hoja de papel que me recordaba que sólo usamos un 10% de nuestro cerebro y que por un módico precio me podían enseñar a usar más, como quien va al fnac a que le pongan más memoria a su ordenador. El hombre se quedó tan contento, mirándome como si me hubiera hecho el favor de mi vida.
Recientemente he aprendido que la idea de que sólo usamos el 10% del cerebro podría tener su origen en una frase desafortunada de William James, que afirmó que la mayor parte de las personas no desarrollan más del 10% de su capacidad intelectual. Algunos quisieron revestir la idea de más cientificidad sustituyendo “capacidad intelectual” por “cerebro”. Más recientemente, el mito fue popularizado por el parapsicompresario Uri Geller. Sí, aquel que doblaba cucharas y arreglaba relojes a distancia.
Ha leído bien en la línea superior: se trata de un simple y burdo mito. O, mejor aún, una leyenda urbana, una mentira de esas que repetida mil veces se convierte en verdad. Le puedo asegurar que usted usa el 100% de su cerebro. Hasta el pobre bendito que me acercó aquel papelajo lo hace. Lo que es más difícil es entender por qué la gente cree a quienes hacen afirmaciones de este tipo.
Es posible que usted haya visto los típicos gráficos de estudios de neuroimagen en los que se resaltan con colores vivos las zonas del cerebro que parecen estar particularmente implicadas en algún proceso mental. Viendo esos gráficos, en los que casi todo el cerebro aparece en gris y negro con unas pocas manchas de color dispersas aquí y allá, es tentador pensar que esos cerebros han estado “apagados” durante todo el experimento y que sólo esas escasas zonas de color se han “encendido”. Nada más lejos de la verdad. Ojalá fuera así de fácil estudiar el funcionamiento del cerebro. Por desgracia para los neurocientíficos el cerebro está permanentemente activo, incluso cuando realizamos las tareas mentales más sencillas. No hay ninguna zona cerebral que esté ahí desactivada, a la espera de que surja una tarea que la despierte de su letargo. Lo que sí es cierto que es unas tareas demandan más trabajo de unas zonas cerebrales que de otras. Precisamente, lo que aparece marcado con colores en esos gráficos son las zonas que están más o menos activadas durante una tarea “experimental” (en la que interviene un proceso mental) que durante una tarea “control” (idéntica a la primera pero sin requerir ese proceso mental). Dicho de otra forma, las zonas que aparecen en gris no son partes del cerebro que no se estén utilizando, sino zonas del cerebro que actúan de la misma forma durante la tarea experimental y la tarea control.
Es posible que usted haya visto algún documental enseñando cómo se practica la cirugía cerebral. Una de las cosas que más nos sorprende a todos acerca de estas operaciones es que con mucha frecuencia se realizan con anestesia local, manteniendo al paciente completamente consciente mientras se interviene en su cerebro. Esto se hace porque les permite a los cirujanos estimular partes del cerebro antes de hacer nada sobre ellas. Así pueden saber qué función tiene esa zona antes de dañarla. El gran problema al que se enfrentan los cirujanos es que no se puede seccionar ninguna parte del cerebro sin afectar a su rendimiento. No hay ninguna zona “prescindible” por donde se pueda meter el bisturí en busca del tumor o el aneurisma. Lo que los médicos sí pueden hacer es asegurarse al menos de que no van a romper nada que afecte de forma dramática a la vida del paciente. Puestos a perder facultades, es mejor tener una leve dificultad para discriminar sonidos agudos que contraer una parálisis total del brazo derecho o perder la capacidad de articular palabra. Si sólo usáramos un 10% del cerebro nada de esto sería necesario. Uno casi podría meter el cuchillo por cualquier lado confiando en no tener la mala suerte de acertarle al único 10% que sirve para algo.
Cuando se compara la anatomía de las especies animales a las que hemos domesticado con sus equivalentes salvajes enseguida percibimos una diferencia crucial: las especies domesticadas tienen cerebros más pequeños que las especies que viven en libertad. Es lógico. Los animales domésticos no tienen que luchar por sobrevivir ni su reproducción depende de ser más o menos inteligentes. Que una vaca se reproduzca más o menos depende más de cuánta leche dé que de su capacidad para huir de los depredadores. Los perros tampoco necesitan cazar en grupo para sobrevivir, como lo hacen los lobos. Les basta con lloriquearle un poco a su dueño y ponerle carita de pena. La razón por la que el cerebro de estos animales se reduce progresivamente es que el sistema nervioso es uno de los tejidos más “caros” del cuerpo. El cerebro humano apenas representa un 2-3% del peso corporal, pero consume un 20% del oxígeno que respiramos. Cada vez que siente hambre a media mañana y asalta la nevera, una parte muy significativa de lo que come se gasta en mantener vivo su cerebro. Tener un órgano tan exquisito y exigente merece la pena en términos evolutivos si aumenta nuestras posibilidades de sobrevivir y reproducirnos. Pero si sólo vamos a usar un 10%, el gasto no merece la pena. Mantener vivo a un 90% de tejido cerebral “parásito” es un lujo que ninguna especie se puede permitir, ni siquiera la humana.
Genial Miguel Angel! Comparto la convicción de que ese uso del 10% es un bulo (que justifica maravillosamente la existencia de alienígenas superdotados entre nosotros, eso sí). ;-)
En cualquier caso, lo que sí creo que muchos entendemos cuando interiorizamos esa afirmación, es que podríamos aprovechar mucho más el potencial de nuestro cerebro de lo que la mayoría lo hacemos. No porque el 90% esté parado, sino porque generamos menos conexiones neuronales de las que podríamos, generamos menos conexiones interesantes de las que podríamos, mantenemos y reforzamos muchas que no son nada positivas… :-)
Y como ejemplo simple: no aprovechamos mejor nuestro cerebro viendo un buen documental de la 2 que viendo “quién quiere casarse con mi hijo” de cuatro?
Un abrazo!!
Hola Andoni! Muchas gracias por el comentario! Estoy completamente de acuerdo en que hay formas y formas de aprovechar los recursos y las oportunidades que nos da la vida. Pero lo mismo se aplica a cualquiera de esos recursos. Quien tiene una televisión y la utiliza para ver Gran Hermano en lugar de Tres14 creo yo que la está aprovechando poco. Pero la tele no tiene la culpa: funciona igual de bien cuando ponemos uno u otro programa. Sin embargo, cuando te cuentan lo del 10% del cerebro generalmente no te están diciendo que aproveches mejor tu vida, tu tiempo y las oportunidades que tienes. La idea es más bien que le pasa algo a tu cerebro (es más: que le pasa algo malo al cerebro de todo el mundo!) y que se puede solucionar haciendo tales y tales ejercicios o tomando la sustancia X. Todo ello te lo venden muy amablemente. Además etiquetándolo con ese “10%” suena a que todo ello está amparado por un estudio científico serio de las capacidades humanas. Se va de la afirmación (de sentido común) de que no todas las formas de utilizar tu tiempo son igual de productivas al negocio pseudocientífico. Si ya además pasan a decirte que si llegáramos a utilizar más del 10% podríamos leer mentes, levitar objetos, ver el futuro… en fin…
Muy bueno el post, “tío”. Menos mal que sólo utilizas el 10% de tu cerebro…. ;) En realidad para mí era un consuelo pensar que me quedaba un 90 por desarrollar. Confiaba en que un día, mediante una fórmula secreta “despegara” toda mi capacidad. Ahora, saber que “no hay más cera que la que arde” y que me quedaré así de limitadito…..me has matao. Por eso mi consejo es el siguiente: no vayas contando esto por ahí, deja que la gente sea feliz!!!. Con lo que sí me quedo es con el dato de que debo procurar ser salvaje y no dejarme domesticar si quiero que mi cerebro sea grande y lustroso. Un abrazo!
Alberto.
Weno, yo no he dicho que no se puedan hacer transplantes. Tiene que ser con gente de tu grupo sanguíneo y esas cosas, pero es factible… algún día, vamos… ;-)
Yo veo más factible el plan cyborg: que nos podamos conectar un disco duro externo con USB, que podamos ponernos un acelerador de frecuencia cerebral… que nos conecten un ventilador multifunción para refrigerar el cerebro en invierno y la frente en verano… cosas así :-)
Aunque el tema está ya muy manido no viene mal recordarlo de vez en cuando. Hay un artículo muy bueno de Beyerstein al respecto preguntándose, de hecho, el origen de la famosa frase, que muchos vende-humos atribuyen a Einstein.
Para mí una de las pruebas más claras de la falsedad del mito, aparte de las ya citadas, es el hecho de que si una célula no se usa, se muere, y eso lo ven todos aquellos que trabajan con cultivos de neuronas a diario. Y, por supuesto, como bien apuntas, el derroche de energía que supondría mantener vivo a un 90% del cerebro hace que defender el mito del 10% es un disparate.
Genial entrada MA! Lo triste es que aún habrá gente demasiado sugestionable como para creerse esas cosas.
No se si existirán regulaciones legales que puedan poner las zarpas a esos estafadores que pregonan la ignorancia, pero debería mirarse si como tal difundir cosas falsas o sin contraste alguno para obtener beneficio, y además en un entorno público, debería estar penado.
En cuanto al mito del 10%, pues la verdad que se lo cree demasiada gente de mi entorno. Es un absurdo, para darse cabezazos contra la pared (y a menos que se me desintegre el lóbulo frontal de las hostias, seguiré usando todo el cerebro).
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